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Joaquín Gutiérrez Mangel |
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Oficiante de la vida a manos llenas, y las suyas eran grandes, Joaquín Gutiérrez Mangel no se dejó casi nada en el tintero y hasta tuvo tiempo de escribir sus anecdóticas memorias, Los azules días.
Trotamundos, ajedrecista consumado, cronista de guerra, traductor -incluso de Shakespeare, con muy buen tino-, fabulador de magníficas novelas, cuentos y poemas, perteneció a la legendaria generación de escritores de 1940, que en el país alumbraron los mejores frutos literarios del siglo XX. El personaje Cocorí (1947) su libro más conocido internacionalmente, le brincaba a Joaquín desde sus ojos chispeantes y uno sentía a ese negrillo subido en sus hombros -atalaya: el escritor era muy alto, con vozarrón tonante y cejas hirsutas y traviesas.
El más cosmopolita de sus compañeros de generación, Joaquín nació en 1918 en medio de los humedales caribeños de Puerto Limón, pero ya venía andariego y de una solvente familia que propició las salidas del hijo rebelde, en un principio a Estados Unidos. Ese origen caribeño tiene gran repercusión en su literatura, especialmente en sus novelas, donde personajes y paisaje reflejan la exuberancia tropical. |
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Sus crónicas periodísticas y sus memorias dan cuenta de andanzas por Estados Unidos, China, Vietnam, la antigua Unión Soviética y Chile, donde residió largo tiempo con su esposa chilena, Elena Nascimento, dedicado a la labor editorial, hasta la caída del gobierno de Salvador Allende en 1976. De regreso a Costa Rica, recibió el apoyo de su país e impartió talleres literarios en la Universidad de Costa Rica, instalado definitivamente en su casa de Sabanilla, refugio de amigos y discípulos.
Conversador deleitoso sobre incontables anécdotas de sus viajes, en sus recorridos conoció a personajes inolvidables, como Pablo Neruda y Ho Chi Minh.
Publicó sus crónicas periodísticas en diarios de Chile, así como en la Unión Soviética.
Su novelística, en la cual destacan La hoja de aire (más bien un cuento largo, 1968) , Manglar (1947), Puerto Limón (1950), Murámonos Federico (1973), Te acordás, hermano (1978) ha sido destacada por la crítica como innovadora en el medio nacional, por incorporar técnicas que serían luego desarrolladas en la literatura latinoamericana en boga.
Como sus compañeros de generación, Joaquín Gutiérrez llevó una vida consecuente con sus creencias políticas de izquierda, signadas en todos ellos por un gran idealismo y honda sensibilidad hacia la injusticia social.
Su estatura como de palmera y su humor cambiante eran inconfundibles, así como su amistad con Carmen Lyra, Carlos Luis Fallas, Fabián Dobles, Manuel Mora y otras personalidades de su época. |
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Su obra más popular, Cocorí, una pequeña historia dedicada a los niños, entre novela corta y cuento largo, ha sido traducida a más de diez idiomas -incluido el braille- y ha vendido más de 750.000 ejemplares.
Además del Magón en 1975, recibió el Premio Casa de las Américas en 1978 por la novela Te acordás, hermano, y el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Costa Rica en 1992.
Joaquín Gutiérrez falleció en octubre del año 2000, a la edad de 82 años.
“Jamás me he arrepentido de haber llevado –y obligado a los míos a llevar- una vida trashumante, pues gracias a ella y a la diversidad de continentes, oficios, trabajos cargos que he tenido, puedo ahora decir, citando a no recuerdo quién: No he conocido nada, sino el mundo. No me ha pasado nada, sino la vida. Hasta luego, lector!”
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El casco del barco relucía sobre las aguas. Con sus banderas multicolores y la gran chimenea pintada de blanco que arrojaba una gruesa columna de humo, infundía en Cocorí una temerosa fascinación. Los ojos querían saltársele.
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